Cómo subvenciona Marruecos a la emigración marroquí en España – Una fundación cultural, presidida por un consejero de Mohamed VI, es la que recibe más ayudas pese a no dedicarse a la inmigración

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En barcelona los marroquis suelen pedir ayudas a la administración para recibir ayudas sociales y en cataluña la cifra de marroquis es muy alta, este tipo de ayudas que hemos dado a los distintos colectivos de inmigrantes han ido debilitando el poder adquisitivo de un gobierno con menos recursos económicos cada dia, han sido años de ayudas a distintos colectivos de distintas culturas y sociedades. son estas ayudas y muchas otras las que han ido debilitando una prospera economia en desarrollo que ahora esta tocando fondo porque los ricos han sacado el dinero del pais blanqueando todo lo que han podido o comprando acciones en otros paises y los pobres con pocos recursos han abusado de las ayudas que ofrece la administración local de cada comunidad autonómica.

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Cómo subvenciona Marruecos a la emigración marroquí en España

El Ministerio de la Comunidad Marroquí Residente en el Extranjero dispone de una partida presupuestaria para apoyar a su emigración. En España es la Fundación Tres Culturas, con sede en Sevilla, la que recibe la principal subvención de ese ministerio (149.500 euros en 2011 y 90.550 euros en 2010) aunque no se dedica a la inmigración sino a promover la paz y el diálogo. André Azoulay, consejero del rey de Marruecos, es también el presidente delegado de patronato de la fundación. Acaso así se explique la elevada cuantía de la ayuda obtenida.

Con la llegada de los islamistas al Gobierno de Marruecos, en enero, se han introducido ciertas dosis de transparencia en la administración. El Ministerio de Transportes desveló la lista de los beneficiarios de las licencias para operar líneas de autobuses o taxis, designados a dedo por el palacio real, y el Ministerio de la Solidaridad, la Mujer y la Familia hizo otro tanto. Faltan aun unas cuantas por conocer como la de los titulares de las licencias de pesca o las que dan derecho a explotar canteras.

El ministerio encargado de los más de tres millones de emigrantes marroquíes –hasta hace poco era una secretaría de Estado- también ha divulgado recientemente la lista de subvenciones que otorga. Casi un tercio de los 835.000 marroquíes que residen en España viven en Cataluña. De ahí que el grueso de las ayudas vaya a parar a asociaciones de esa comunidad.

El principal beneficiario en Cataluña es la Unión de Centros Culturales Islámicos de Cataluña (Unió de Centres Culturals Islàmics de Catalunya) que preside el imán Noureddin Ziani. Acompaña con frecuencia al cónsul de Marruecos en algunos de sus desplazamientos y se presenta entonces como “responsable de asuntos religiosos” del Consulado. En los tres últimos años obtuvo 158.700 euros para la enseñanza del árabe y su Operación Al Adha que consiste que ayudar a las familias marroquíes más pobres a disponer durante el Ramadán (mes de ayuno diurno) de los alimentos tradicionales.

En segundo lugar, en Cataluña, figura la asociación Ibn Batuta que consiguió 52.000 euros, entre 2010 y 2011, para un proyecto destinado a mejorar la comunicación con la inmigración. La encabeza Mohamed Chaib, de origen tangerino, que fue durante largos años diputado socialista en el Parlament de Catalunya y miembro al mismo tiempo de la dirección del Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero.

Chaib se negó en 2003 a firmar una petición solicitando la libertad del periodista Ali Lmrabet entonces encarcelado en Salé (Marruecos) y cuya revista satírica (Demain) fue prohibida, según asegura el antiguo preso de conciencia. Lmrabet tiene fuertes vínculos con Cataluña. Su pareja es una profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona.

“Me gustaría saber los criterios que sigue el ministerio a la hora de otorgar subsidios”, se pregunta Mohamed Alami, presidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Marroquí, con sede en Barcelona. “No me parece razonable que siendo los marroquíes la comunidad inmigrante más analfabeta, con mayor índice de fracaso escolar y que más rechazo suscita, se dedique el dinero público a proporcionar cordero a los más pobres con motivo de las fiestas religiosas”, añade indignado.

A través de la Fundación Mohamed V o del Ministerio de Asuntos Religiosos (Habous) Marruecos también concede subvenciones a otras asociaciones en España, pero sus nombres no han sido divulgados. Retribuye además a unos pocos imanes residentes en España.

Las cantidades otorgadas pueden parecer modestas comparadas con las que recibieron, en años de bonanza, muchas ONG españolas para sacar adelante sus proyectos dentro y fuera de España. Para Marruecos suponen, sin embargo, un gran esfuerzo. Su PIB (153.800 millones de euros en 2011) es ligeramente inferior al de Andalucía.

Bwina Mahmud Tiab perdió su pierna izquierda cuando tenía 12 años. Fue hace 34, al volver de viaje de los territorios del Sáhara ocupados por Marruecos a los que había ido a visitar a su familia que permanecía allí tras la invasión marroquí. El resto de la familia vivía junto a ella en el campamento de refugiados del Aaiún (Sáhara Occidental), donde se dirigían de vuelta. Antes de llegar, una mina se cruzó en su camino haciendo estallar la camioneta en la que viajaban. “No recuerdo nada del momento, sólo que cuando desperté ya me encontraba en el hospital de Tindouf (Argelia)”. Su familia resultó herida en la explosión, pero no de gravedad. Ella fue la que peor parada salió. “Estuve durante más de 3 meses llorando día y noche. Fueron momentos muy duros para mí. Yo era una niña y mi vida cambió por completo: no podía salir a jugar con mis amigas, saltar, calzarme…” Cuando Bwina perdió su pierna, su madre ya había muerto y su padre vivía en el Aaiún ocupado por Marruecos, separado de ella y sus 2 hermanas -una mayor y otra más pequeña-. Sin la posibilidad de agruparse en un lugar todos juntos, no les quedó más remedio que salir las 3 solas adelante con la ayuda de su abuela y sus primas. “Yo no tuve ningún tipo de ayuda psicológica, fue el apoyo de mis familiares y amigos lo que me hizo salir adelante. Entendí gracias a ellos que a pesar de que me faltaba una pierna, yo seguía siendo una persona normal”. Su voz es firme cuando lo cuenta y su rostro sereno. Al llegar a este punto de la conversación se para unos segundos para reflexionar y a continuación añade: “Yo no soy más que una de los miles de saharauis que se han sacrificado por su país. Lo más sagrado para mí era mi cuerpo y mi juventud que se lo he regalado a mi patria. Lo que más me duele, más allá de lo que me ha sucedido a mí, es ver la situación de abandono en la que vive mi pueblo en los campamentos de refugiados de Argelia. Lo que más desearía en el mundo es volver a ver el Sáhara libre y poder vivir bajo su bandera”, lo comenta mientras le pide a una de sus hijas que le acerque la bandera del Sáhara que está visible en la estancia en la que habita. La quiere para pasársela a su nieta pequeña que está junto a ella y así que la pueda hacer hondear.

Desde el año 2004 Bwina vive en Chahid Chreif, un centro de mutilados de guerra y minas antipersona. El único que existe en el Sáhara Occidental de estas características. El centro está situado en el campamento de Rabuni, punto de concentración administrativo-político de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), y a unos 60 kilómetros de distancia atravesando la hammada -desierto pedregoso, caracterizado en gran parte por su paisaje árido, duro, de mesetas rocosas y con muy poca arena- del campamento en el que creció: el Aaiún. Como Bwina actualmente viven diariamente en Chahid Chreif  alrededor de 20 personas que tal y como le sucedió a ella fueron mutiladas por minas antipersona durante o después de la guerra. “La vida en el campamento en estas circunstancias se hacía muy dura”, dice Bwina, fue por eso por lo que decidió trasladarse al centro a vivir. “Estando en el centro se sienten tranquilos, relajados, pueden recibir un tratamiento específico para su dolencia, se trata la diabetes que algunos padecen a causa de las heridas y también se les da soporte psicológico para seguir adelante. Esta gente de todos modos, tiene una voluntad muy grande de vivir”, cuenta a Periodismo Humano Baha Mohamed, subdirector de sanidad de Chahid Chreif.

Este centro funciona desde 1998 como hospital en el que los mutilados con necesidad de cuidados diarios viven permanentemente en él junto a varios miembros de su familia, para que no se sientan solos. “Normalmente son 2 ó 3 los familiares que les acompañan, pero se dan casos en los que se supera esa cifra”, comenta Lewa Larosse, director general de sanidad del centro. Este es el caso de Bwina, que vive en él con sus 2 hijas, su sobrina, la mujer de su hijo y su nieta. El resto de mutilados que no necesitan esos cuidados diarios, y puesto que en él no hay sitio para todos, viven repartidos por los distintos campamentos y van al centro a recibir tratamiento en momentos puntuales, “a veces nos desplazamos nosotros a buscarlos”, señala Larosse. Todos los años llegan casos nuevos de mutilaciones a Chahid Chreif. Tras la retirada de España del Sáhara Occidental en 1975, se impuso una guerra sangrienta contra el pueblo saharaui por el Reino de Marruecos y el régimen de Ould Dada en Mauritania, con el respaldo de varias potencias mundiales, entre ellas Francia. A consecuencia de esta guerra, el territorio saharaui es uno de los más contaminados por minas y restos de explosivos del planeta. En la década de los años 80, Marruecos empezó a levantar una muralla de arena y piedra de más de 2.700 kilómetros de longitud conocida como el muro de la vergüenza, que divide  los territorios del Sáhara ocupados por Marruecos desde 1975, y los campamentos de refugiados en Argelia. Dicho muro permanece rodeado por campos donde hay millones de minas antipersona, bombas de racimo y demás restos de explosivos que han causado y siguen causando mutilaciones y muertes de cientos de víctimas civiles, incluidos niños. Organizaciones como Acción contra la Violencia Armada (Landmine Action), que ha conseguido limpiar más de 21 millones de metros cuadrados de los territorios liberados del Sáhara Occidental y la destrucción de más de 22.000 explosivos, ayudan a que cada año el número de víctimas disminuya. “Notamos que el número de casos es menor cada año gracias al trabajo de las organizaciones que se encargan de limpiar la zona y de dar consejos a los nómadas que la habitan, para que no se topen con minas”, señala Larosse. Pero el problema es que todavía existen muchas personas mutiladas -es muy difícil determinar con exactitud cuántas, ya que no existe ningún control específico sobre el tema, pero intuyen que pueden ser más de las 110 que tienen localizadas hasta la fecha-, que necesitan cuidados específicos que por falta de medios, no se les pueden ofrecer como deberían. “Los medicamentos que nos llegan no son suficientes y muchas veces ni tan siquiera son específicos para el tratamiento de cada uno, llegando a estar en ocasiones hasta caducados”, señala Larosse que prosigue: “desde el año pasado hemos notado en el centro bastante la crisis en España,  ya que es uno de los países de los que siempre hemos recibido más ayuda, y no sólo de medicamentos, sino también de alimentos destinados a la gente que vive en el centro de forma permanente- que rodan las 400 personas durante el verano, entre pacientes y familiares-. Desde el año pasado estamos viendo como esta ayuda a causa de los recortes en cooperación es cada vez más escasa”. El ejecutivo presidido por Mariano Rajoy ha aprobado recientemente un recorte en Cooperación de 1.400 millones de euros para este año, 600 de los cuales eran específicamente retraídos de la Ayuda Oficial al Desarrollo. Pero tal y como señala el propio Larosse, ya el Gobierno presidido por Zapatero anunció en 2010 un tijeretazo de más de 600 millones de euros destinados a este fin.

Además de alimentos y comida, la ayuda que les llega a Chahid Chreif es destinada a mejorar las habitaciones en las que duermen los pacientes. “Los techos del centro son de chapa”, dice el vicepresidente de salud, Mohamed, “entonces la gente que no se puede mover de la cama, cada vez que llueve se moja. Los inviernos son muy duros aquí, debido a que hace muchísimo frío. En esa época del año la mayor parte de los pacientes deciden irse a sus campamentos, en los que están peor atendidos en cuanto a cuidados sanitarios se refiere”. Hay quienes ni tan siquiera tienen un hogar al que acudir los duros inviernos, como es el caso de Bachari Said Adaf, parapléjico de cintura para abajo a causa de una explosión durante una batalla en 1981. Fue herido mientras cuidaba a los camellos. Bachari no tiene familia que se pueda hacer cargo de su situación. Antes de que esto le sucediera, hace 29 años, vivía como nómada en el desierto, “una vida que me hacía feliz”, comenta. Cuando se le pregunta si tanto sufrimiento le ha merecido la pena, contesta sin dudar ni un segundo: “vivimos en una situación en la que sabemos lo que hacemos y aceptamos cualquier cosa que nos pase por la causa. La guerra necesita víctimas, motivos, heridos, acusados… lo entendemos y lo aceptamos”. Pero como cualquier ser humano en una situación semejante a la suya Bachari también se debilita psicológicamente por momentos al pesar que tras esos 29 años, de los 58 que tiene de vida, se los ha pasado postrado en una cama si ver ningún tipo de avance al respecto. “Hay generaciones de saharauis que han nacido ni en guerra, ni en paz. Viven en una provisionalidad continua. De seguir así, veo pocas posibilidades de que el Sáhara algún día sea libre. Creo que la solución es coger las armas y luchar de nuevo y espero que si eso pasa el pueblo español,  no sus gobernantes de los cuales no esperamos nada, sino la gente del pueblo, siga estando a nuestro lado. Liberemos al Sáhara o muramos todos”.

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