Contaminación acustica en un pueblo tranquilo de Lerida llamado Alentorn

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Estoy de vacaciones en un pueblo de Lleida bien curioso que se llama Alentorn, cerca de Artesa de Segre y mixto camino de Vilanova de Meia, aquí en este pueblo mucha gente en el pueblo vive de las granjas de gallinas o de conejos y algunas de las granjas están integradas dentro del pueblo que ha ido creciendo día a día y el olor de los orines y de las cagadas de los animales que se puede oler desde cualquier rincón del pueblo cuando hace calor, para todos aquellos que estamos de paso por el pueblo nos puede sorprender este aroma tan fuerte a purines o granjas, aparte de esto el pueblo es muy dinámico con gente joven que llena los espacios públicos del pueblo que ya cuenta con una piscina propia en lo que llaman el tros ( troç, en catalán ).

En Alentorn te levantas temprano i se oyen infinidad de pájaros que no para de silvar i de comunicarse entre si, es un ejemplo de contaminación acústica muy distinta a la que estoy acostumbrado en la ciudad.

 

 

 

 

 

Alentorn me sorprende también por el sonido de las campanadas de la iglesia que las puedo sentir de noche y cuando menos te lo esperas. Últimamente en la piscina que han abierto me sorprende que pongan música ambiental todo el día, es de alguna manera una contaminación acústica para todas aquellas casas que están cerca de la piscina y también es una música que tienes que soportar si decides ir hay como cliente, a pesar de todo esto la gente del pueblo es muy agradable de trato y no es fácil de olvidar el trato recibido por la gente del pueblo cuando estás de vacaciones en el pueblo, antes la francisca tenía una tienda de comestibles, pero últimamente ya no la tienda porque la Francisca ha decidido autojubilarse del trabajo y ha quedado sin relevo generacional.

 


En este pueblo antes se hacian muchas horcas de madera que se feian servir al hace muchos años en el campo pero un día se dejaron de hacer porque van ser sustituído por las horcas de hierro y últimamente el trabajo se hace con maquinaria pesada. a la gente que hacía horcas de madera se en llamaba fuerzas y últimamente murió el último Forcaire de Alentorn que se llamaba Casimiro y últimamente su hijo poco a poco manteniendo la tradición pero con menos intensidad y vocación.

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